¿Cuándo volveremos a canturrear?

 

Estábamos en 1968, los estudiantes se rebelaban, justo eco a la guerra de Viernam iniciada por los norteamericanos en 1955 y que duraría hasta 1975. Y en medio de aquella confusión surgió una canción, “Oh Happy Day”, un himno religioso a la gloria de Dios que unos listillos habían transformado en himno a la alegría para todos. Y todavía hace muy poco seguíamos entusiasmándola con su estribillo, y la tarareábamos aunque no entendiésemos la letra, aunque pensábamos que podía ser una horterada norteamericana. Era un himno al Señor, ya lo he dicho. Y nosotros lo necesitábamos. Pero no tanto como ahora, cuando el mundo se ha paralizado de terror como en los peores tiempos del desquicie de una sociedad que no vio venir a un bicho invisible llegado de China que ha puesto boca abajo nuestras vidas y abierto miles y miles de tumbas en los cementerios de los cinco continentes. El mundo se ha detenido, sin saber por dónde tirar, despeñándose a cada paso, derruido casi, por mor de un invisible bicho llamado coronavirus.Algunos nos hemos acordado de aquellas películas de nuestra infancia o adolescencia sobre Fu Manchu, un personaje chino peor que todo lo imaginable que aparecía oficialmente en 1913 y duró muchos años. Nos llenaba de terror pero sabíamos que al apagarse el cine, bastaría con salir corriendo y estábamos a salvo. El coronavirus se ha escapado o lo han escapado de una ciudad de China que Fu Manchú debió conocer. Y a mí me parece que nada es casual. Que siempre hay o tiene que haber un responsable. Y odio que nos tomen el pelo porque no somos chinos ni tenemos intención de serlos. Y porque da miedo de que un hombre extremadamente frio, Xi Jinping, nor lo menos tanto como es ambicioso, haya entablado una batalla por el poder mundial con los Estados Unidos, retándolo hasta en la producción de películas en Hollywood. Esto no lo invento. Sale del libro del periodista alemán Kai Strittmatter, al parecer considerado como un especialista en la cuestión después de haber ejercido su oficio, que es observar, en la mismísima China. No desde Taiwan o de Ghana.Y lo cuenta en un libro excesivamente interesante “Dictature 2..0, Quand la Chile surveille son peuple /et demain le monde”). Pero lo cierto es que hasta el peor de los estudiantes conocía China no por Fu Manchú sino por Mao Tse Tung, el líder supremo que convirtió un país de mil millones de almas en un siniestro campo de concentración, pero tan inteligentemente que gran parte de la intelectualidad extranjera se rindió a sus pies y alabó su genio. Me parece injusto por mi parte, pero cuando me dicen que el coronavirus se “escapó”, probablemente de un laboratorio que no debería haber existido nunca, como seguramente los hay a montones en un país como Estados Unidos, no puedo por más que pensar en las atrocidades que ha conocido China, constantemente en manos de dictadores a cual más sangrienta.

El gran Mao Tse Tung, que una parte de la izquierda occidental adoró, como adoraron en su tiempo a Stalin, sobre todo cuando el Mao endiosado nos tomó el pelo con el famoso “Libro Rojo”, en el que con cuatro fórmulas para convencidos nos cantaba la dicha socialista. El caso es que convirtió a Mao en un personaje endiosado.Uno de sus grandes y maquiavélicos logros fue la Revolución Cultural, una payasada en la que todos los que pensaban que aquello era una locura, especialmente los intelectuales y parte de estudiantes, asistieron impávidos y aplaudiendo al más vil teatrillo en lo que todos los oponentes y sobre todos si eran profesores, científicos, intelectuales varios, tenían que reconocer sus culpas llevando carteles en los que se precisaban esos “delitos”.Parte de Occidente, como siempre, aplaudió. Era el gran Mao y cómo iba a equivocarse el gran hombre.Y así pasó el tiempo hasta que el 4 de junio de 1989, una parte de los estudiantes chinos se alzó en gritos y protagonizó una manifestación gigantesca en la plaza de Tiananmén de Pekín , donde, era el mes de junio y hacía calor en la capital, y el día tres, durante la noche, el gobierno envió tanques y la infantería para acabar con aquella insólita manifestación. Se cree que dejaron muertos por valor de entre 200 y 500 jóvenes. Pero qué más daba, en un país de mil millones de personas…

La matanza de Tiananmén terminó con el sueño de las bondades del comunismo chino que tanto entusiasmaban a una parte de los intelectuales de Occidente.El cuento terminaba con los mismos resultados que en la Unión Soviética, donde durante años, incluso ya bajo el reinado del siniestro Stalin se creyó en que el paraíso comunista existía. Se lo creyeron en Occidente más gente de la que puede pensarse. Intelectuales miembros de partidos comunistas de Francia, Italia, etcétera, soñaban con el paraíso para todos.Hasta que un tal Alexander Solyenitzin, escritor soviético, consiguió que se publicase en Occidente su libro naturalmente prohibido. “Archipiélago Gulag”. Era ya muy tarde, 1973. Stalin estaba muerto y seguía siendo adorado.El mundo descubría con horror que 800.000 presos habían sido ejecutados en aquellos campos de la muerte situados en Siberia, donde el dictador mandaba a todo aquel que le apetecía. En total se calcula que unos tres millones de soviéticos fueron enterrados en aquellas inhóspitas tierras.Y entretanto nosotros habíamos convertido en un éxito mundial “Oh Happy Day”, un himno que sin duda tardaremos muchos años en volver a entonar con la boca llena de alegría.La catástrofe del coronavirus ha sido y sigue siendo demasiado terrible como para andarse con lindezas.¿Y qué tienen que ver Mao Tse Tung y Stalin? Probablemente nada. Pero es bueno recordar la historia, que siempre se repite de una forma u otra.Mientras yo les hablaba del pasado, aquí tienen el presente de la pandemia que sufrimos en el mundo entero. En tanto el número de muertos aumenta constantemente en España y el resto del mundo, donde se supone que ya no hay entierros, y pronto faltarán cementerios, dos pesos pesados de la banca española, CaixaBank y Bankia han aprovechado para fusionarse, y formar lo que ellos llaman con orgullo “un nuevo gigante bancario”.Mientras, a las puertas de los ayuntamientos, centros sociales, comedores de caridad, la gente hará cola, como todos los días, con la esperanza de que les den algo. En nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo. Porque suponemos que la Iglesia Católica, una de las “entidades más ricas del mundo”, habrá sido invitada a la fiesta para bendecir esta unión de la que se espera nazcan muchos muchos monstruitos.

LaFabricadelCine | Sb

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!